El envejecimiento saludable y activo consiste en desarrollar y mantener, a edades avanzadas, la capacidad funcional que hace posible el bienestar. La capacidad funcional viene determinada por la capacidad intrínseca de una persona (es decir, la combinación de todas sus capacidades físicas y mentales), por el entorno en el que vive (en sentido amplio, incluyendo el entorno físico, social y político) y por las interacciones entre ambos factores, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en su iniciativa Década del envejecimiento saludable 2021-2030.
Factores intrínsecos vs extrínsecos
El envejecimiento saludable no depende en exclusiva de los genes. Aunque algunas de las variaciones en la salud de las personas mayores se deben a la genética, los factores que más influyen tienen que ver con el entorno físico y social, en particular la vivienda, el vecindario y la comunidad, así como características personales como el sexo, la etnia o el nivel socioeconómico, según la OMS.

Los factores intrínsecos (heredados) son significativos, pero por sí solos no determinan el riesgo en la vejez. Los factores extrínsecos, relacionados con el medio ambiente y el estilo de vida, desempeñan un papel importante en el riesgo de desarrollar trastornos asociados a la edad. A medida que esta avanza, la contribución relativa de los factores genéticos se reduce y aumenta la influencia de los factores no genéticos; por lo tanto, es posible modificar (en parte) las características del envejecimiento, de acuerdo con Petretto D.R., Pili R. Envejecimiento activo y de éxito o saludable: una breve historia de modelos conceptuales; Revista Española de Geriatría y Gerontología; 2016;51 (4): 229-241)
Factores de riesgo relacionados con el estilo de vida. En el camino del envejecimiento surgen miedos y preocupaciones frecuentes. Una de las principales inquietudes de las personas mayores es la pérdida de funciones cognitivas, especialmente las relacionadas con el aprendizaje y la memoria. Otra preocupación se refiere a las facultades físicas: la disminución de la capacidad para realizar con facilidad acciones simples. Para mantener las funciones cognitivas, se consideran factores preponderantes la educación (a mayor educación, menor riesgo de pérdida de capacidad cognitiva), la función pulmonar, la actividad física y las relaciones sociales o interpersonales. Con respecto a la capacidad física, los factores más importantes serían la actividad física y la integración social, como señalan Rowe JW, Kahn RL. Reply to Letter to Editor. Gerontologist. 1998; 38:151.
Es importante favorecer la realización de tareas productivas, remuneradas o no, que generen un valor social para el individuo. Según Baltes (1990), el concepto de envejecimiento activo se asocia a la resiliencia, gracias a la cual las personas pueden lograr un equilibrio positivo entre ganancias y pérdidas durante el envejecimiento. Esto implica comprender que algunos objetivos serán inalcanzables en esta etapa de la vida y, al mismo tiempo, plantear nuevos objetivos que sí puedan lograrse. Esta resiliencia, o capacidad de adaptación a la vejez, conlleva aceptar algunas pérdidas y, a su vez, abrir la posibilidad de generar nuevas ganancias.
La información obtenida a partir del desarrollo de distintos modelos teóricos desde la década de 1990 (aunque existen estudios importantes anteriores) ha permitido identificar factores predictivos para un envejecimiento saludable y activo. Con base en estos factores, es posible crear estrategias mensurables que ayuden a los individuos y a las sociedades a estimular y facilitar el envejecimiento saludable y activo.
Gracias a los avances en salud, hoy las personas viven cada vez más años; el desafío es vivirlos con elevada calidad. Este es el reto del futuro si las sociedades quieren envejecer en salud. Estoy convencido de que, desde el punto de vista psicológico, social y económico, los países se distinguirán entre quienes logren que su población envejezca en salud y quienes no.
