Comencemos preguntándonos qué son las células senescentes o zombis. En la década de 1960 se observó, en cultivos celulares, que la división de las células se detenía después de un número determinado de veces. Estas células no morían, sino que entraban en una especie de estado vegetativo denominado senescencia celular.
Este proceso está mediado por los telómeros, secuencias repetitivas de ADN situadas en los extremos de los cromosomas cuya función es protegerlos durante la replicación del ADN. Los telómeros se acortan con cada mitosis o división celular hasta alcanzar un punto en el que la célula ya no puede dividirse. A partir de ese momento, la célula muere o entra en estado de senescencia.
Cómo y por qué se activa la senescencia celular
Estudios posteriores realizados a principios de este siglo permitieron descubrir que la senescencia también podía ser inducida por genes como estrategia para bloquear el desarrollo tumoral.
La senescencia también puede ser inducida por situaciones de estrés celular. Entre ellas se encuentran el daño del ADN causado por la radiación o la quimioterapia, el estrés oxidativo producido por la acumulación de radicales libres y la disfunción mitocondrial, que altera la energía disponible en la célula.
Por qué se acumulan con la edad
A medida que envejecemos, el organismo acumula células senescentes que liberan moléculas inflamatorias relacionadas con enfermedades asociadas a la vejez.
Esta acumulación se debe al fallo del sistema inmunitario, encargado de eliminar las células senescentes, y al daño constante que se acumula durante años, como el acortamiento de los telómeros y la exposición crónica a radiaciones ambientales. También interviene un efecto de contagio: cuanto mayor es el número de células senescentes, más factores inflamatorios se liberan y más células resultan dañadas.
Senolíticos y senomórficos: dos estrategias farmacológicas
Desde el punto de vista farmacológico, los senoterapéuticos se dividen en dos grupos. Los senolíticos eliminan directamente las células senescentes, mientras que los senomórficos impiden que estas células secreten factores inflamatorios.
Entre los primeros se encuentra el navitoclax, descubierto en 2015. Sin embargo, hasta la fecha ha mostrado resultados dispares y su uso provocó trombocitopenia grave.
La combinación de dasatinib y quercetina ha mostrado resultados en ratones, pero también ha presentado signos de citotoxicidad.
Estos fármacos se estudian para determinados cánceres y algunas enfermedades asociadas al envejecimiento, pero la investigación todavía se encuentra en etapas tempranas. Ninguno está aprobado para uso comercial.
Senolíticos naturales presentes en los alimentos
En la naturaleza existen compuestos con acción senolítica, aunque el nivel de evidencia científica varía bastante entre ellos. Algunos alimentos son ricos en polifenoles y flavonoides que contribuyen al proceso de limpieza celular, aunque los contienen en cantidades menores que las utilizadas farmacológicamente.
- La fisetina se encuentra en las fresas, las manzanas, las cebollas, los pepinos, las uvas y el mango.
- La quercetina se encuentra en la cebolla morada, las manzanas, las uvas rojas, el brócoli y el té verde.
La curcumina, presente en la raíz de cúrcuma, y las teaflavinas del té negro también se estudian por su posible acción senolítica, aunque con evidencia todavía más preliminar que la de la fisetina o la quercetina.

Suplementos: biodisponibilidad y protocolos de uso
En el mercado existen suplementos de senolíticos. El mayor problema es la biodisponibilidad ya que en general se absorben mal en sistema digestivo humano y el hígado los elimina rápidamente. Por ese motivo hay fórmulas que se envuelven con una capa de fosfolípidos (liposoma) para que atraviese la barrera digestiva o si no se envuelven con fibras vegetales (fitosomas).
También existen distintos protocolos de administración. No se toman en forma continua sino intermitentemente o en pulsos cíclicos. Puede ser una toma semanal en algunos compuestos u otros 2 o 3 días en la semana y luego descansar durante 1 mes.
La administración de estos suplementos debe decidirse siempre en consulta con un profesional de la salud, especialmente, por el estado clínico de cada persona y porque las dosis y los protocolos pueden variar según el compuesto.
Entre los senomórficos se encuentran la metformina, que trataremos en la próxima nota, así como la rapamicina, el resveratrol y la apigenina, que abordaremos en notas posteriores. Estos compuestos completan el segundo grupo de senoterapéuticos descrito en este artículo.


